se mirabam como si pudiesen tocarse desde lo lejos. sus pupilas se reflejaban. pero esa necesidad físca de intentar tocarse, los derrumbaba a un bienestar visual, donde no era necesario decir palabras. Lograban coectarse de tal forma que las inseguridades se transformaban lentamente en pequeñas risas, pequeñas muecas, delicados llantos, melosos ruidos, parecian dos copos de miel en el espacio
tan distantes
y a la vez
tan llenos de...
diminuta gravedad
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